Nuestra Historia
Por casi cinco décadas, LIDDI Fitchburg ha sido un testimonio vivo de la fidelidad de Dios en la comunidad de Fitchburg, Massachusetts. Por 47 años hemos permanecido firmes, sembrando la Palabra de Dios y sirviendo a nuestra comunidad con amor y dedicación.
Durante gran parte de nuestra historia, nuestra congregación encontró su hogar en 74 Snow Street, un lugar lleno de memorias, testimonios y vidas transformadas por el poder de Dios. Fue en ese templo donde generaciones de familias crecieron en la fe y donde la presencia de Dios se manifestó de manera poderosa.
Hace cinco años, ante los desafíos que trajo el tiempo, tomamos la difícil decisión de vender nuestro templo. Sin embargo, nuestra historia no terminó ahí; porque la iglesia no son las paredes, sino el pueblo de Dios. Hoy adoramos en 200 Daniels Street, donde somos hospedados con amor y generosidad por la Iglesia Casa del Alfarero, bajo el pastorado de los Pastores Domingo e Isamara Pérez, quienes han abierto sus puertas y su corazón para que nuestra congregación continúe creciendo.
Aunque el trato que hemos recibido ha sido excelente y estamos profundamente agradecidos por esta hermosa familia que nos ha acogido, llevamos en nuestro corazón el sueño de tener un lugar propio. Actualmente estamos en búsqueda activa de un templo en la ciudad de Fitchburg; un hogar que podamos llamar nuestro, donde las próximas generaciones puedan crecer, adorar y ser transformadas por Dios.
¿Quieres ser parte de este sueño?
Si Dios ha puesto en tu corazón el deseo de contribuir a la adquisición de nuestro nuevo templo, cada donación, grande o pequeña, es un acto de fe que nos acerca un paso más a ese sueño. Tu generosidad no solo bendice a nuestra congregación, sino que impacta a toda la comunidad de Fitchburg para las generaciones venideras. ¡Gracias por creer junto a nosotros!
Al frente de nuestra congregación se encuentra el Rev. Arnaldo Bristol, quien por 11 años ha servido fielmente como nuestro pastor, guiándonos con sabiduría, integridad y un corazón apasionado por Dios y su pueblo.
«Durante estos años he tenido el privilegio de ver la fidelidad de Dios manifestarse en cada etapa del camino. Hemos celebrado victorias, enfrentado desafíos y aprendido que el Señor siempre sostiene a Su iglesia y que sus planes siempre son mejores que los nuestros. Cada sermón predicado, cada oración elevada y cada vida transformada son un testimonio de que Cristo continúa edificando Su pueblo y cumpliendo su propósito entre nosotros.
Mi deseo ha sido pastorear esta congregación con amor, integridad y una firme convicción de que la Palabra de Dios debe ocupar el centro de todo lo que hacemos. Más que dirigir una iglesia, he procurado caminar junto a cada familia, discipular a la nueva generación y servir como un instrumento en las manos del Señor , recordando siempre que el verdadero Pastor de la iglesia es Jesucristo.
Al mirar hacia el futuro, mi oración es que permanezcamos unidos en la fe, creciendo en el conocimiento de Dios y viviendo con pasión el llamado que Él nos ha encomendado. Confío en que las próximas generaciones continuarán llevando el evangelio con el mismo compromiso y amor por Cristo, para que esta iglesia siga siendo una luz en nuestra comunidad y un testimonio vivo de la gracia y el poder de Dios.»
Miramos atrás con gratitud y miramos hacia adelante con fe, confiando en que el mismo Dios que nos ha sostenido por 47 años continuará escribiendo los próximos capítulos de nuestra historia.
